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OPINANDO

El harakiri de Bauzá

El president balear establece la fidelidad personal como criterio único para diseñar su gobierno y destituye en el ecuador de mandato a los responsables de las políticas que marcó como prioritarias, empleo y educación

Dos presidentes y un destino: caer

Dos presidentes y un destino: caer

Hay malas lenguas y lenguas afiladas. Las primeras se han tirado dos meses aireando el chascarrillo de que el president se iba a cargar a su conseller de Educación, pero iba a salvarle el pellejo al vicepresidente de Economía y récord de paro. Cayó el primero y cayó el segundo. 50% de acierto. O de error. Las segundas lenguas, las afiladas, viven de su tino y llevaban tiempo advirtiendo de que el president había perdido toda su confianza en el vicepresident económico, Josep Ignasi Aguiló, que tenía las horas contadas, cosa que confirmó Bauzá con su destitución. Decían algo más esas mismas lenguas de buen ojo y mejores conexiones en el Consolat: que el president está quemado, harto de ataques a su farmacia, sus negocios y su vida personal, por lo que estaría buscando una salida para poder dedicarse sin tanto incordio a sus negocios privados. Esto último, el hartazgo con su propio Govern, también lo corroboró José Ramón Bauzá, que se convirtió esta semana en el primer president de la accidentada historia política balear que se plantea a sí mismo una enmienda a la totalidad, una moción de censura sustanciada con la destitución de los pilares claves de su Govern. Lo que no confirmó el president es que se vaya: de momento él se queda, no sabemos si para negociar un nuevo modelo de financiación para Balears, un nuevo cargo en Madrid o ambas cosas a la vez.

El president llegó al poder a caballo de dos frases: “cada parado será cosa mía” y “esta será la legislatura de las autopistas de la educación”. A medio mandato, Bauzá se ha cargado al responsable de reducir ese paro que era cosa suya, pero supone el cese de otro, y al conseller responsable de las autopistas de la educación, acusado de haberse centrado en las autopistas sin prestar suficiente atención a la destrucción de la educación (y sus lenguas). Se le ve cortoplacista al president que dice que no piensa a corto plazo y repite cada dos minutos que no gobierna “para las próximas elecciones, sino para las próximas generaciones”. Si es que el PP deja alguna…

En este país hay pocas formas más explícitas de reconocer un error que señalar a un culpable. Bauzá señaló dos, y de paso bramó una advertencia al resto de los que en el Consolat son sospechosos de diletantes, de estar poco dispuestos a saltar sobre una granada para salvar a un president al que, como sus gregarios ya deberían saber, le gusta tanto lo marcial como el golf. La salida del conseller escondido, Simón Gornés, responsable de Cuota Menorquina y Administraciones Públicas, es una señal contundente de que Bauzá está poco dispuesto a seguir tolerando la deserción de la vanguardia política de su Govern.

Carlos Delgado, el conseller que hace Turismo, solo aparece de cacería

Carlos Delgado, el conseller que hace Turismo, solo aparece de cacería

Cayó Gornés porque el president ahora se lleva mejor con el conseller que hace Turismo (Carlos Delgado) y porque no se atrevió con Gabriel Company, el de las langostas de trabajo en la isla de Cabrera, que en su tiempo libre se ocupa a veces de la segunda mayor conselleria del govern, la de Agricultura, Medio Ambiente, Política Territorial y otras cuantas cosas más. Entre ellas se incluyen el buceo recreativo en parques naturales y el vino espumoso con el que brindó con el único de los dos consellers excursionistas destituidos, Rafel Bosch, que a estas alturas de la descomposición política española osó pedir disculpas por sus vacaciones en Cabrera con recursos públicos, como haría cualquier ciudadano honesto. Ni Company y su amistad con Cañellas se atrevieron a ir tan lejos.

No consta que haya pedido jamás disculpas el conseller de Presidencia, Antonio Gómez, devenido ayer edecán mayor de José Ramón Bauzá y vicepresidente de lo que les queda de Gobierno. ¿Los méritos del guarda forestal Gómez para el ascenso? Indescriptibles sin ser soez. Los enumeraba el president Bauzá: “Su permanente lealtad, su absoluta fidelidad y el máximo compromiso con el proyecto”. Y además está acabando la carrera en la UNED, le faltó decir al president sobre el vicepresident, que, de momento, pone en su currículum “estudios de Derecho”. Cuando los acabe, Gómez, el conseller exclusivamente encargado de cerrar IB3 que acabó desviando fondos sanitarios para salvar la tele que más guapo saca al president, será el único recién licenciado con trabajo en Balears. Y fiel como un perro.

Antoni Gómez le quita el puesto de vice a Josep Ignasi Aguiló, un doctor en Economía que se definió como “bombero” hace dos días y fue fulminantemente destituido por Bauzá: que nadie dude del president como responsable del fuego. De apagarlo se van a encargar otros, que esta vez parece que el presidente sí ha acertado (y mucho) con sus responsables económicos, como valoraba esta semana con sorna un gestor de alto nivel que siempre desconfío de Aguiló: “Me equivoqué con Aguiló: pensé que Bauzá se daría cuenta de que no vale en un año, y ha tardado dos. Estos de ahora son otra historia”. Estos de ahora vienen de otro mundo diferente al de Aguiló: el de la gestión. O mejor dicho: el de la buena gestión. Son José Vicente Marí y Joaquín García, dos hombres de gesto y aspecto físico similar, con un currículum cortado por el mismo patrón: han aprendido en la empresa privada y llevan dos años batiéndose el cobre en la gestión pública, donde les ha tocado roer los huesos más duros.

Uno, Marí, ibicenco pero con capacidad sobrada como para no ser sospechoso de cuota ibicenca, sube de rango a conseller de Hacienda y Presupuestos, tras haber sido el Tesorero y responsable de pagar con el dinero que no había lo mucho que heredó del Pacte en facturas pendientes. Su ascenso es merecido, dicen quienes trabajan con él: ha administrado la caja con eficiencia sobresaliente, entrega incansable y paciencia insondable. El otro, García, ha brillado como podador y asesor de cabecera de Bauzá para asuntos de recortes como vía hacia el éxito: primero podó el grupo Drac para garantizar que algún día vuelva a florecer y después se ha tirado dos años podando sin desmayo la maraña de empresas públicas más desgreñada de todo el estado. Y con éxito. El nuevo conseller de Economía se ha cargado 104 de las 192 empresas y chiringuitos varios que heredó, ha recortado 600 empleos y solo ha sufrido un resbalón, aunque reciente y sonado: muchos de los despidos ejecutados y diseñados por él mismo son ilegales, como han dicho los tribunales, y aún así García ha decidido disparar con pólvora del rey y pagar a trabajadores readmitidos sin que tengan que ir a trabajar.

Es el único borrón de un gestor notable y constante que ahora se enfrenta a un reto de un tipo que nunca afrontó: ya no se trata de podar, sino de sembrar, de generar frutos y buenas cosechas como conseller de Economía y responsable de minar el paro. La lucha contra el desempleo pasa necesariamente por hacer algo que García no hizo cuando despidió a 600 trabajadores en las empresas públicas: negociar con los sindicatos, como ahora, y solo ahora, pide Bauzá.

El tándem económico tendrá  margen para virar de rumbo: el presidente confía tanto en ellos que permitirá que tumben los mismos impuestos que le costaron el cargo y las tesis liberales a Aguiló, que creyó estar haciéndolo “de puta madre” y salió apuñalado. Menos capacidad de maniobra que los nuevos prebostes de la economía tendrá la nueva consellera de Educación y Cuota Menorquina, Juana María Camps, a la que no conocerán porque lleva dos años de directora general de Trabajo, solo entregada a contemplar cómo otros 54.000 baleares perdían sus empleos en la trituradora económica de Bauzá. Tampoco la habrán visto en un colegio: “Sé de educación lo que cualquiera”, fue su frase de presentación en el cargo, porque ella es abogada y tiene una agencia inmobiliaria, así que sabrá darle un futuro de burbuja a nuestros niños, nada más útil en la Mallorca de la seguridad jurídica solo para el ladrillo siempre creciente.

¿Por qué está ahí Camps? Bauzá no lo explicó, aunque dejó muy claro que, a diferencia de los impuestos, que dependerán de los  jerarcas económicos entrantes, la política educativa será la misma, empezando por lo único a lo que alude Bauzá cuando habla de educación: la lengua. Así que la consellera llega sabiendo que como mucho puede a aspirar a ser lo que ya es Sansaloni, el conseller de Sanidad: un bien mandado. ¿Será Camps-Campos-Fields-Felder y su “mejor en cuatro idiomas que en catalán” otra marioneta? Lo que está claro es que será solo consellera de Educación en un Govern sin cultura: Bauzá se esforzó tanto en que los nuevos nombramientos no le supusieran un titular sobre el aumento de la nómina de altos cargos, que se ha cargado lo poco de intelectual que le quedaba a su Govern con la supresión de la Dirección General de Cultura: nadie se volverá a dar cuenta en el Govern de que Bauzá ha citado sin saberlo a un falangista en un discurso.

No esperen complacencia de bien mandada en Nuria Riera, que obedecerá sin chistar, como cuando se sacó de la chistera un informe para  salvarle la farmacia y los negocios privados a su presidente público y privado, pero tiene personalidad suficiente como para doblarle el brazo al mismísimo Bauzá. La nueva portavoz ya era consellera de Administraciones, aunque no ocupaba oficialmente el cargo, que ostentaba en ausencia Simón Gornés, ayer destituido antes siquiera de haber ejercido. Riera tiene poco que ver con él. La nueva portavoz habla rápido y raudales, lo que le ha dejado tiempo para hacer en dos años la más ambicioso y eficiente reforma de la administración balear que se recuerda. De su energía dependerá en gran medida el futuro de un Bauzá que espera sobrevivir a la moción de censura que él mismo se recetó. Suerte con ella: será la de todos.

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Acerca de albertomagro

Hago el perro perrodismo en un mundo perro al que le sobran letras y le faltan ideas. Yo junto lo que sobra, por si acaso.

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